La fuente de las lágrimas - Arthur William Edgar O'Shaughnessy

 La fuente de las lágrimas - Arthur William Edgar O'Shaughnessy

La fuente de las lágrimas - Arthur William Edgar O'Shaughnessy
La fuente de las lágrimas - Arthur William Edgar O'Shaughnessy

Atravesando desiertos y montañas,
lejos en el País del Dolor,
durante mañanas, días y noches,
o acaso durante meses y años;
con el corazón palpitando desgarrado,
el cuerpo sediento y abrumado,
ciertamente llegarás hasta tu destino,
en La Fuente de las Lágrimas.

Solemne y pacífico es aquel lugar,
sólo para el llanto lastimoso y el suspirar,
para los que en vida o muerte arriban,
junto con sus miedos y fantasías.
Sombríos cipreses adornan el lugar,
con máscaras que velan todos los rostros,
y de aquellas brumosas penumbras
brota cálida y hermosa La Fuente de las Lágrimas.

Así flota y flota, en una danza
tan gentil como encantadora,
susurrando apenas su melodía armoniosa;
para aquel que debió sufrir y oír
(como tú, seguramente) en pesaroso silencio.
Arrodíllate allí y conoce a tu corazón roto,
y derrama la emoción tanto tiempo contenida,
allí, en La Fuente de las Lágrimas.

Porque crece y crece, como si al rozar
sus celestiales alturas uno pensase
si alguna de sus melodías pueden hundirse
en los oídos con más ternura.
Sí, venerable y bendita parece la Fuente
alcanzada tras el desierto y la montaña.
Allí caerás al fin en un profundo llanto,
y lavarás con lágrimas la tristeza de tu rostro.

¡Entonces el asombro! Mientras yaces allí por un tiempo,
y te debates entre la vida y la muerte,
abandonando la tierra que intentabas
alcanzar con tus miedos y esperanza,
el mundo se alzará y descenderá sobre tí.
Hombres fuertes no permanecerán para cuidarte,
ni se preguntarán porqué razón
tu camino es más duro que el de ellos.

Y mientras allí descansas, tus mejillas
no rechazarán las húmedas hojas,
ni te importará secar tus cabellos mojados,
o contemplar cómo el frío mundo amanece.
Tal vez, en aquel silencio que te rodea,
sientas que toda la Angustia finalmente te ha alcanzado.
Sí, hasta las nubes que sobre tí se pasean
quizás ayuden a vaciar tu alma de toda Pena.

Entonces puedes sentir, cuando una perdida hoja acaricie
tu rostro, que se trata de un beso que alguien ha enviado,
o soñar al menos que en algún sitio eres extrañado,
y que ese anhelo hasta tí llega, si eso te alegra.
O la humilde canción de un pájaro, desmayado y roto,
pueda pasar por una sensible palabra hablada,
mientras a tu alrededor se precipita
aquella Fuente que ahoga la vida en Lágrimas.

Y el llanto fluirá, cada vez más rápido,
confundiendo y derribando toda resistencia,
rodando abajo hasta que toda la desolación pasada,
bajo el peso de los años quede sepultada;
hasta que cubra cada hebra de tu desdicha,
y te dejen sin historia y sin mañana.
¿Pues quién entre los mortales puede someter
a la gran Fuente de las Lágrimas?

Pero la Angustia y las Lágrimas se encuentran y juntan,
y el sonido que emiten crece como el trueno.
¿En qué oscuro abismo, me pregunto,
descansa la pena de todos nuestros años?
Pues sólo la Eternidad parece llevar
la cuenta del gran Lamento humano.
Tal vez Dios, el Hacedor y Padre,
haya creado un sitio para nuestras perdidas lágrimas.


The Fountain of Tears, Arthur William Edgar O'Shaughnessy



If you go over desert and mountain,
Far into the country of Sorrow,
To-day and to-night and to-morrow,
And maybe for months and for years;
You shall come with a heart that is bursting
For trouble and toiling and thirsting,
You shall certainly come to the fountain
At length,—to the Fountain of Tears.

Very peaceful the place is, and solely
For piteous lamenting and sighing,
And those who come living or dying
Alike from their hopes and their fears;
Full of cypress-like shadows the place is,
And statues that cover their faces:
But out of the gloom springs the holy
And beautiful Fountain of Tears.

And it flows and it flows with a motion
So gentle and lovely and listless,
And murmurs a tune so resistless
To him who hath suffer'd and hears—
You shall surely—without a word spoken,
Kneel down there and know your heart broken,
And yield to the long-curb'd emotion
That day by the Fountain of Tears.

For it grows and it grows, as though leaping
Up higher the more one is thinking;
And ever its tunes go on sinking
More poignantly into the ears:
Yea, so blessèd and good seems that fountain,
Reach'd after dry desert and mountain,
You shall fall down at length in your weeping
And bathe your sad face in the tears.

Then alas! while you lie there a season
And sob between living and dying,
And give up the land you were trying
To find 'mid your hopes and your fears;
—O the world shall come up and pass o'er you,
Strong men shall not stay to care for you,
Nor wonder indeed for what reason
Your way should seem harder than theirs.

But perhaps, while you lie, never lifting
Your cheek from the wet leaves it presses,
Nor caring to raise your wet tresses
And look how the cold world appears—
O perhaps the mere silences round you—
All things in that place Grief hath found you—
Yea, e'en to the clouds o'er you drifting,
May soothe you somewhat through your tears.

You may feel, when a falling leaf brushes
Your face, as though some one had kiss'd you,
Or think at least some one who miss'd you
Had sent you a thought,—if that cheers;
Or a bird's little song, faint and broken,
May pass for a tender word spoken:
—Enough, while around you there rushes
That life-drowning torrent of tears.

And the tears shall flow faster and faster,
Brim over and baffle resistance,
And roll down blear'd roads to each distance
Of past desolation and years;
Till they cover the place of each sorrow,
And leave you no past and no morrow:
For what man is able to master
And stem the great Fountain of Tears?

But the floods and the tears meet and gather;
The sound of them all grows like thunder:
—O into what bosom, I wonder,
Is pour'd the whole sorrow of years?
For Eternity only seems keeping
Account of the great human weeping:
May God, then, the Maker and Father—
May He find a place for the tears!

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